La mayoría de los equipos no tienen un problema de talento: tienen un problema de información. Las personas no saben cómo lo están haciendo porque nadie se los dice a tiempo, con claridad y con respeto.
Instalar una cultura de feedback empieza por el líder: pide feedback antes de darlo. Cuando el equipo ve que su líder recibe observaciones sin defenderse, aprende que aquí es seguro decir la verdad.
Sigue con la frecuencia: el feedback útil es cercano al hecho. Un comentario de dos minutos hoy vale más que una evaluación de dos horas en diciembre.
Y se sostiene con el método: describe el hecho, comparte el impacto, pregunta la perspectiva del otro y acuerden el siguiente paso. Cuatro movimientos, una conversación — repetida hasta que se vuelva cultura.